Rutinas de belleza, ¿te obligas o te mimas? II

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Ya hemos comentado que, independientemente de cuántos rituales de belleza queramos o estemos dispuestos a seguir, los pasos imprescindibles son limpiar (y tonificar), hidratar, nutrir y proteger.

La limpieza es uno de los pasos diarios imprescindibles. Ya seas hombre o mujer, adulto o adolescente, te maquilles o no; las impurezas se acumulan en el rostro a lo largo del día. La polución, los cambios de temperatura, la exposición constante… ensucian la piel durante la jornada. Además, nos tocamos la cara a menudo, y del mismo modo que somos conscientes de la necesidad de lavarnos las manos, deberíamos tener en cuenta que el rostro se enfrenta a mucha suciedad diaria. En el mercado podemos encontrar limpiadores en forma de leche, gel, tónico, jabón… adaptados a diferentes necesidades y gustos.

No debemos olvidar aplicar un tónico tras la limpieza. Restaura la capa lipídica, que protege la piel y cuyo desequilibrio se traduce en exceso de grasa, acné y aspecto apagado, envejecido. Además, dependiendo de su composición nos pueden ayudar a calmar, matificar, iluminar, revitalizar…

Otro paso importante de la limpieza es la exfoliación. Elimina las células muertas, aportando luminosidad y suavidad a la piel, y ayuda a evitar que el vello se enquiste. Una o dos veces por semana son suficientes, con un exfoliante no abrasivo y teniendo especial cuidado en hidratar la piel tras la exfoliación.

Por supuesto, es también esencial mantener una buena higiene de los utensilios de maquillaje, ya que acumulan restos, suciedad, células de piel muerta y bacterias. Es suficiente lavar con agua y jabón, al menos una vez por semana (lo ideal sería al menos aclararlos tras cada uso) dependiendo del uso que se les dé, y es importante dejarlos secar bien (brochas y pinceles en posición horizontal).

Sabemos que la nutrición es primordial, ya hemos hablado de los nutrientes básicos en otro artículo. Podemos observar las personas con una dieta saludable y que realizan algún tipo de ejercicio muscular sufren de menor oxidación, es decir, envejecen más despacio. El consumo excesivo de azúcares, carne y alimentos procesados nos oxida; sin embargo, las verduras y frutas aportan antioxidantes. No hay más que comprobar el estado físico de las personas vegetarianas: su piel permanece más elástica y su postura más erguida; el deterioro normal del organismo es mucho menor en personas con una alimentación predominantemente vegetal.

La hidratación también comienza por el interior. Una piel seca a menudo corresponde a un organismo sediento, y el agua es tan primordial para el cuerpo que una piel hidratada y tersa estará hacia el final de la lista de necesidades. Esta es una de las razones por las que debemos ingerir una media de dos litros diarios, para que el aporte de agua limpia sea suficiente para todo el organismo. Otro de los básicos necesarios para mantener la tersura es el colágeno, por lo que el aporte diario de vitamina C resulta muy interesante para la piel.

A nivel externo, aportamos nutrición e hidratación por medio de productos genéricos como aceites, lociones, cremas… y específicos como serums, concentrados de ácido hialurónico, contornos de ojos y labios… además de tratamientos de aplicación puntual como, por ejemplo, las mascarillas. Es interesante combinar diferentes cremas y cambiarlas regularmente, ya que la piel “se acostumbra” y deja de “trabajar” por sí misma. El uso de diferentes principios activos es una buena forma de estimularla y evitar que nuestra crema favorita deje de “funcionar” tan bien como solía hacerlo. Aceites y cremas son buenos aliados; aportan diferentes beneficios y pueden mezclarse para lograr texturas más penetrantes y combinar sus propiedades.

En cuanto a la protección, es especialmente importante en condiciones climáticas intensas, como la exposición al sol o al aire frío. Recordemos que los baños de sol saludables son aquellos de las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde, y que el bronceado debe conseguirse de modo gradual, sin largas exposiciones. En playa, mar o montaña, un filtro de protección solar es imprescindible, incluso para pieles morenas. Por último, no podemos olvidar refrescar e hidratar la epidermis tras las agresiones de los elementos, exfoliaciones, limpiezas o mascarillas de arcilla, y en general cualquier tratamiento susceptible de irritar la piel.

María Untereiner

2019-01-21T04:57:51+00:0021/01/2019|Salud natural|

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