Protección solar externa

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Ya hemos hablado de que necesitamos sintetizar vitamina D, para lo cual usamos nuestra piel. Por eso tampoco debemos abusar del protector solar y no exponer nunca nuestra piel al aire libre. Al contrario, el protector debe usarse (por supuesto, respetando las particularidades de cada caso) cuando vamos a pasar un rato al aire libre, en una barbacoa o caminata, por ejemplo, o cuando vamos expresamente a “tomar el sol”. Este es el momento en que la protección se vuelve especialmente importante, sobre todo si nos exponemos en las horas centrales del día, en lugares muy luminosos o durante más de diez o quince minutos. Pieles muy blancas, sensibles (esto incluye la piel de los niños), que se queman con facilidad o ya se han quemado anteriormente deben protegerse con especial cuidado.

Exfoliar la piel es el primer paso. Elimina células muertas, homogeniza la textura de la piel y conseguimos por tanto un bronceado uniforme, bonito y más duradero.

El siguiente paso es protegerla, y es aquí donde empiezan los problemas, porque los baños de sol se han convertido en un acto social en el que todo el mundo quiere lucir su mejor cara, y el color blanco de los protectores se considera antiestético. El problema es que para ofrecer una buena imagen cuando estamos disfrutando del astro rey, entregamos nuestra salud y la de los animales acuáticos, porque contaminamos los mares. Tóxicos, cancerígenos y disruptores endocrinos forman parte de las cremas solares convencionales, incluso de muchas de las anunciadas como naturales. Por supuesto, cada uno puede echar los venenos que quiera en su piel, pero el resto del planeta no tiene la culpa ni por qué pagar las consecuencias.

Existen tres tipos de filtros solares:

  • los químicos, que en su gran mayoría tienen efectos perjudiciales sobre el organismo y el medio ambiente, además de provocar reacciones alérgicas y radicales libres, con el consiguiente envejecimiento de la piel.
  • los físicos, principalmente dióxido de titanio y óxido de zinc, responsables del color blanquecino y con consistencia pastosa, dado que las partículas deben ser lo suficientemente grandes como para no atravesar la barrera de la piel y llegar al torrente sanguíneo.
  • los biológicos, como el karité, la karanja, la semilla de frambuesa… Ofrecen una protección baja, ideal para pieles morenas y acostumbradas al sol, y para exposiciones cortas, en las primeras y últimas horas del día.

Los filtros físicos protegen desde el primer momento; los químicos no, porque tienen que absorberse y reaccionar con la piel. Un filtro físico es más como una capa protectora, que refleja y desvía gran parte de la luz solar.

La ropa, sentarse en el coche, la toalla, la arena, el salitre, el aire, el agua, el sudor… van eliminando el protector solar de la piel. Es por esto que es importante renovar la aplicación, especialmente en exposiciones prolongadas. Además, la famosa regla de multiplicar el tiempo que uno tarda en quemarse por el índice de protección (SPF) no es realista, y las quemaduras solares continúan formando parte indisoluble del verano o las vacaciones. En realidad, para que el protector nos protegiera al nivel que promete su índice o factor de protección, tendríamos que aplicarnos una capa muy espesa, no movernos en absoluto y rodearnos de una burbuja invisible.

Afortunadamente, la cosmética natural avanza día a día, especialmente en el caso de los fotoprotectores, hasta el punto de que han comenzado a aparecer texturas casi transparentes. Lo ideal es elegir un protector solar lo más natural posible, ecológico, con filtro físico y libre de nanopartículas, porque los filtros solares jamás deberían pasar de la epidermis ni dejar rastros imborrables en el mar. Una de las formas de extender mejor los solares de alta protección es mantener la piel bien hidratada, incluso aplicar crema unos cinco minutos antes. Inevitablemente, la piel debe quedar con un tono blanquecino, de lo contrario habremos eliminado el efecto protector.

Por último, hidratar y nutrir la piel tras el baño de sol es imprescindible para calmarla y ayudar a su recuperación, además de mantener la elasticidad de la misma. Además, activa y da brillo al bronceado, mejorando el aspecto general.

María Untereiner

Las afirmaciones de este artículo son recomendaciones generalizadas, y en ningún caso pretenden sustituir ni interferir con las recomendaciones del médico u otro profesional de la salud.

2019-05-07T11:04:45+02:0015/04/2019|Salud natural|

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