¿Por qué los naturistas “odian” los lácteos?

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Entre los usuarios de la medicina natural corre la broma de que lo primero que hace un naturista es “quitar”. Reducir drásticamente el consumo de gluten y lácteos de la dieta habitual es un clásico, y la discusión lácteos sí/lácteos no constituye uno de los puntos más enconados entre los nutricionistas más convencionales y los más naturistas. El tema del gluten es largo y profundo; lo abordaremos en un artículo específico. Aquí vamos a hablar de la controversia de los lácteos, y de por qué la medicina natural los relega al puesto de alimento ocasional.

Una de las razones principales es su escasa digestibilidad. Hay que considerar varios factores, como por ejemplo que el sistema digestivo del ser humano apenas ha variado en milenios, pero las vacas de las que se alimenta sí. Como los cereales, los animales han sido manipulados genéticamente para cubrir las necesidades de sociedades consumidoras de lácteos, variando la composición de su leche hacia un alimento más saciante, pero menos nutritivo. Además, una vaca estabulada y que no consuma hierba fresca, viva, (algo habitual en la producción a gran escala) no puede generar los mismos nutrientes que la que pasta en libertad. También hay que tener en cuenta la obvia diferencia de tamaño entre una vaca y un humano. Aunque esto pueda parecer una tontería, implica que la leche de vaca y la humana son muy diferentes en su composición. Por ejemplo, en su cantidad de lactosa (de sobra conocida por su susceptibilidad de provocar intolerancia) y de caseína (mucho menos afamada, pero con gran potencial inflamatorio). La leche de animales más pequeños, como la oveja y especialmente la cabra, es mucho más parecida en su composición a la humana, y por tanto más digestiva.

La caseína, además, se mantiene en los lácteos libres de lactosa, lo cual agrava el problema de los que padecen una intolerancia, pues su intestino, inflamado por definición, sigue recibiendo lo que percibe como un tóxico con cada ingesta. De hecho, muchos naturistas advierten mejoras significativas en niños con autismo al retirar la caseína de su dieta. Si añadimos que los yogures industriales contienen cepas creadas en laboratorio, que colonizan nuestro intestino rompiendo el equilibrio de nuestra flora intestinal, el caldo de cultivo para sufrir de problemas digestivos está servido.

El problema de los alimentos indigestos es que su abuso tiende a producir disbiosis (desequilibrio de la microbiota, nuestra particular “mezcla bacteriológica” intestinal) e inflamación del intestino, consideradas las causas principales de muchas enfermedades. Y el problema de un intestino inflamado es que deriva en toda clase de patologías, especialmente aquellas relacionadas con la piel y el sistema inmunitario, pero también del sistema nervioso. En la mayoría, si no todos, de los problemas de salud crónicos hay un desarreglo del sistema digestivo.

Otra razón importante es su escaso valor nutritivo, al menos para un humano adulto. Hay que tener presente que, a la hora de valorar lo que nos aporta un alimento, es imprescindible tener en cuenta su biodisponibilidad. Es decir, la capacidad de nuestro organismo de aprovechar sus nutrientes. Aunque siempre hemos oído que la leche de vaca es la mayor fuente de calcio, lo cierto es que otros alimentos nos proveen una cantidad asimilable mucho mayor. El té kukicha, el tahín o sésamo molido, las sardinas enlatadas, avellanas, pistachos, espinacas… son algunas alternativas a tener en cuenta.

Afortunadamente, no hay por qué renunciar a los lácteos, a menos que suframos de intolerancia o nos resulten muy indigestos. Para nuestra cultura es un alimento básico, que nos evoca la infancia y nos aporta calma y sensación de ser arropados. Esto también es debido a su contenido en triptófano, que actúa en el sistema nervioso como precursor de la serotonina, la “hormona de la felicidad”. Esta es necesaria a su vez para la creación de melatonina, que regula el descanso, lo que lo convierte en una buena opción para conciliar el sueño.

Además, dejar de consumir completamente ciertos alimentos provoca que paulatinamente dejemos de generar las enzimas necesarias para digerirlos, que tampoco es el objetivo. La clave, como suele ocurrir, está en la mesura. El problema no es tomar leche de vaca, sino desayunar un buen tazón, tomarse varios cafés con leche a lo largo del día, comer queso para merendar y cenar un yogur. Esto, que puede parecer exagerado, es muy habitual en nuestra dieta, especialmente en el norte de España. Y aunque no se trata de repudiar los lácteos, que también aportan nutrientes interesantes; nuestro organismo se sentirá más ligero y sano si reducimos su consumo. Por supuesto, las opciones vegetales no pueden sustituir el sabor ni la textura de la leche animal, pero a cambio otorgan otros muchos beneficios.

María Untereiner

Las afirmaciones de este artículo son recomendaciones generalizadas, y en ningún caso pretenden sustituir el consejo médico ni de otro profesional de la salud. En todos los casos es preferible consultar con un profesional cualificado.

2018-12-18T23:30:47+00:0018/12/2018|Nutrición y Suplementación|

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