Lo he superado, ¿y ahora qué?

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Determinadas circunstancias a lo largo de nuestra vida desestabilizan nuestra “estructura vital”; la forma en que organizamos nuestro tiempo y espacio. Algunos de los ejemplos más comunes son las rupturas sentimentales tras una relación de convivencia, el fallecimiento de la pareja, desvinculación del grupo habitual de amigos (a menudo derivada de una ruptura sentimental), la jubilación, perder un trabajo que creíamos para toda la vida, terminar los estudios obligatorios, vernos forzados a abandonar el nido familiar y buscar nuestro propio sustento, el fallecimiento de un familiar al que dedicábamos todo nuestro tiempo, o el conocido “síndrome del nido vacío” que sufren especialmente las amas de casa abnegadas que han invertido todo su esfuerzo en criar a unos hijos que ya no están en casa.

Una vez superada la etapa en la que el dolor y la angustia son más intensos, aunque aún permanezcan los ecos de los malos momentos, recuperamos una cierta energía para movernos, azuzada por un sentido de la responsabilidad que nos susurra: “Es hora de ponerse en marcha de nuevo”. Es el momento de seguir adelante.

Es entonces cuando surge la disyuntiva. Tenemos dos opciones, a grandes rasgos: retomar o construir. Obviamente, no podemos recuperar la vida que teníamos, pues ha desaparecido, pero podemos retomarla (con algunas variaciones). Aunque puede implicar un gran esfuerzo, tiene la ventaja de que nos seguimos moviendo en nuestra zona de confort, recuperamos viejos hábitos con facilidad y resulta relativamente mecánico “poner la rueda en marcha” de nuevo.

Otra opción es “aprovechar” esta circunstancia forzosa para construir algo nuevo. Esto no implica necesariamente cambiar nuestra vida por completo, a menos que así lo deseemos, pero sí cambiar lo que no nos gusta o hacer lo que no hemos podido en nuestras anteriores circunstancias. Ya hemos hablado con anterioridad de los “beneficios” del dolor emocional (organia.es/la-utilidad-del-dolor-emocional/). A menudo, los malos momentos de nuestra existencia pueden actuar como un revulsivo, si utilizamos la introspección y la autocrítica (en su justa medida). Una de las cosas que nos enseña la pérdida es que no podemos controlarlo todo y que debemos hacer lo que realmente deseamos desde el fondo de nuestra alma siempre que nos sea posible, porque nunca sabemos de cuánto tiempo disponemos.

Pero… ¿qué sucede cuando nuestra vida ha estado tan condicionada (por las circunstancias, por la presión social, por las expectativas o indicaciones de nuestros allegados, etc.) que nunca nos hemos parado a pensar en lo que realmente queremos? Nos sentimos desubicados, perdidos, indecisos, inseguros y a menudo temerosos. A menudo, la respuesta a ¿Qué quiero hacer con mi vida? es … “Pues realmente no lo sé”. Wild Oat es la flor idónea en este momento, ya que nos ayuda a encontrar el camino, junto con Wild Rose en el caso de que la apatía siga planeando sobre nosotros. Añadiremos Larch si no confiamos en nuestras propias capacidades, y Cerato si las respuestas de cualquiera nos parecen siempre mejores que las nuestras. (Aclaración: Todos nos equivocamos, pero nadie se equivoca siempre).

Lo creamos o no, las respuestas están en nosotros mismos. No se trata de ser soberbios, considerarnos en posesión de la verdad absoluta o no dejarnos ayudar, sino de entender la diferencia entre dejarnos guiar y dejarnos llevar. Entre otras cosas, lo que es válido para uno no tiene por qué serlo para otro; depende de sus intereses, deseos, capacidades y necesidades, resultando en una infinidad de combinaciones. Además, tomar decisiones nos hace responsables de sus consecuencias, y es ahí donde reside la libertad individual, necesaria para alcanzar la propia felicidad.

En el próximo artículo hablaremos de una estrategia que nos puede ayudar en estos momentos. ¡Sed felices!

María Untereiner

Las afirmaciones vertidas en este artículo no pretenden ni pueden sustituir el consejo de su médico, terapeuta u otro profesional de la salud. En todos los casos es preferible consultar a un profesional competente.

2018-12-03T11:56:36+00:0003/12/2018|Gestión emocional|

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