Oxidación celular, el envejecimiento humano

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Ya hemos hablando que el sol oxida nuestra piel, generando un aspecto envejecido y apagado. Pero este efecto de oxidación no es exclusivo de nuestra piel, sino que ocurre en todo el organismo, provocando el envejecimiento y, finalmente, la muerte. De hecho, el cuerpo muere en terreno ácido y oxidado.

La acidificación del organismo está muy condicionada por el estilo de vida (hábitos sedentarios, consumo excesivo de carne roja y azúcares refinados, uso continuado de tóxicos, estrés, polución, etc.) Muchos de estos factores conllevan también una mayor oxidación, pero el proceso de oxidación es inevitable en sí mismo: forma parte de la vida misma, puesto que el oxígeno es primordial para el desarrollo de la vida humana. La obtención de ATP o adenosin trifosfato, principal “combustible energético” del cuerpo humano, se consigue sobre todo a través de la respiración celular. Esta consiste en la oxidación de compuestos orgánicos para convertirlos en inorgánicos y producir energía, necesaria para cualquier tipo de actividad, incluso respirar o bombear sangre al organismo.

El proceso de oxidación genera los famosos radicales libres; células a las que le falta un electrón y que, tratando de recuperarlo, provocan toda una reacción en cadena. Los daños producidos son lo que conocemos como envejecimiento, que aumenta la degeneración del organismo y la probabilidad de sufrir enfermedades o desequilibrios en la salud.

Obviamente, no es posible detener la oxidación, ni siquiera cuando congelamos una fruta (De ahí que al descongelarla se oxide en pocas horas). Cuanto mayor sea el estrés oxidativo y menor la capacidad de renovación celular, mayor será el deterioro y la probabilidad de enfermar seriamente. Por eso es importante reducir los factores más oxidativos (hábitos nocivos como el tabaco o el alcohol, descanso insuficiente, exceso de sol, polución, tóxicos ambientales de uso común como limpiadores o herbicidas industriales, abuso de medicamentos, azúcares, carne y productos procesados, ingestión insuficiente de verdura y fruta, sedentarismo, sobrepeso y especialmente, el estrés), y al menos, tratar de paliar sus efectos, sobre todo con la alimentación.

Lo ideal es mantener una dieta variada, rica en fruta y verdura, con alimentos naturales y libre de “calorías vacías”. Sin embargo, en momentos determinados la suplementación con productos de origen natural no está de más. Por ejemplo, durante la temporada de sol, en épocas de mucho estrés o cuando padecemos de estrés sostenido en el tiempo, y en caso de vivir en lugares con mucha polución.

Además, una dieta variada nos proporcionará diversos tipos de antioxidantes, cuyos efectos resultan complementarios entre sí. Como tiende a suceder en la medicina natural, la clave está en la sinergia, y no en un antioxidante específico.

María Untereiner

Las afirmaciones de este artículo son recomendaciones generalizadas, y en ningún caso pretenden sustituir ni interferir con las recomendaciones del médico u otro profesional de la salud.

2019-05-07T11:44:58+02:0007/05/2019|Nutrición y Suplementación|

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