Los imprescindibles de belleza

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Desengañémonos, los mayores delatores de la edad son la pérdida de hidratación y firmeza. Especialmente en el cutis, que está permanentemente expuesto a la polución y las inclemencias del tiempo, expresa nuestras emociones, y sufre de un modo más evidente las vicisitudes de nuestras vidas. En el rostro podemos ver las huellas del tiempo, de las alegrías y sobre todo de las penas. Las huellas del estrés, de la falta de tiempo, de la falta de vida con los nuestros.

Y en la publicidad, los medios de comunicación, los personajes públicos, etc, podemos ver la presión por no envejecer, o al menos tratar de ocultarlo, especialmente el género femenino. Muchas mujeres sufren intensamente la pérdida de aquel rostro lleno y saludable que solía mirarlas desde el espejo. Rostro al que, por aquel entonces, veían lleno de defectos.

Tal vez el aspecto físico no sea algo tan superficial ni poco importante. Uno conoce la imagen que le mira desde el espejo, vive con y confía en esa persona, es la versión de sí mismo que muestra al mundo. Y cuando a uno le gusta esa persona, se siente a gusto consigo mismo, es más feliz.

Y cuando uno es más feliz, también tiende a ser más amable con los demás, consiguiendo en respuesta un trato en general más amable a su vez, y retroalimentando el propio bienestar. O cómo la alegría es contagiosa.

Disertaciones y teorías personales aparte, lo cierto es que la mayoría deseamos ofrecer nuestra mejor cara al mundo, y para ello hay algunos nutrientes que nos pueden ayudar.

Quizá uno de los más básicos sea la vitamina C. Su papel como precursora del colágeno es primordial, dado que la pérdida progresiva del colágeno (el tejido conectivo de todo el cuerpo) se traduce en el descolgamiento de la piel. Pero es que además la vitamina C le aporta luminosidad, confiriéndole un aspecto más lozano. Es por esto que la piel de las personas fumadoras aparece más envejecida y apagada: porque el tabaco consume grandes cantidades de vitamina C. Además, es un importante antioxidante que ayuda a contrarrestar los radicales libres. Espinacas, col fermentada, cítricos… son algunos de los alimentos que la aportan, aunque la suplementación con productos de procedencia natural no suele estar de más. Si nuestra piel está “triste” y apergaminada, lo ideal sería tomar un suplemento de vitamina C durante al menos tres meses seguidos.

Otro de los básicos es la vitamina E, ya que ayuda a recuperar la hidratación y por tanto la elasticidad. Claro que la hidratación debe empezar siempre por lo obvio. No debemos olvidar nunca la importancia de cubrir las necesidades diarias de agua. Y que un cuerpo con carencias termina inhibiendo el reflejo de la sed (no “sintiendo” sed), y viviendo en un estado permanente de deshidratación. A este respecto, en la fase de mantenimiento, el germen de trigo es un buen aliado, precisamente por su aporte de vitamina E. Como alimento diario, nos aporta además otros nutrientes interesantes, como los ácidos grasos. No olvidemos tampoco los piñones y su alto contenido en esta vitamina.

El silicio es otro de los aliados en la elasticidad y firmeza, y no solo en nuestro interior. Sus efectos son mucho mejores que los de cualquier crema reafirmante, y nutre nuestros tejidos de sostén al ser esencial para la formación de fibras. Además, devuelve el brillo y la vitalidad al cabello, que sufre el paso del tiempo casi tan ostentosamente como el rostro. A nivel alimentario, se obtiene sobre todo de los vegetales de hoja verde y las bayas silvestres, conocidas como frutas del bosque.

Por supuesto, no podemos olvidar los famosos antioxidantes. Si el envejecimiento es una degeneración debida, principalmente, a la oxidación, resulta obvio que pueden ser grandes aliados. Como alimento, las bayas de goji nos aportan un buen puñado diario de antioxidantes, además de muchos otros beneficios. Y no debemos olvidar el magnífico apoyo que nos brinda el té verde, con su alta concentración de catequinas.

Ya sabemos que la piel también necesita otros nutrientes, como ácido hialurónico, omega 6, etc… pero la intención de este artículo es simplemente nombrar los principales. Como resumen, una alimentación rica en fruta y verduras, grasas vegetales (aportando bioflavonoides, fibra, omegas, nutrientes varios) y con escasez de alimentos de origen animal, azucarados e industrializados (que generan acidificación, atasco hepático, gasto energético y nutricional extra para procesarlos) conlleva una mejor salud, y por tanto mejor aspecto físico, menor deterioro y mayor energía.

María Untereiner.

Las afirmaciones contenidas en este artículo tienen una función meramente informativa y en ningún caso pretenden sustituir el consejo médico o de cualquier otro profesional de la salud. En todos los casos es preferible consultar con un profesional de la salud competente.

2019-01-21T03:48:04+02:0027/11/2018|Nutrición y Suplementación|

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