Lo he superado, ¿y ahora qué? II

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Una vez decididos a “manejar las riendas” de nuestra vida se abren ante nosotros tantos caminos que a menudo no sabemos cuál seguir. Además de tomar Wild Oat, algo que puede ayudarnos muchísimo es hacer una lista de los deseos. Con disposición sincera; desde el fondo del corazón y los rincones más ocultos de la mente. En ella apuntaremos TODO lo que deseamos, lo que querríamos hacer si pudiéramos hacer lo que quisiéramos. Incluiremos los anhelos irreales, hasta los que consideremos “ridículos”, “estúpidos”, “vergonzosos”, demasiado ambiciosos o sinceramente imposibles.

Una vez escrita la podemos leer, pero no tacharemos ni cambiaremos nada. Probablemente pensemos en lo que hemos escrito, pero la dejaremos apartada unos días. Tres o cuatro días después la volveremos a leer con espíritu crítico (pero no punitivo) y sin ánimo de juzgar. Se trata de buscar el denominador común de nuestros deseos, lo que queremos de verdad. Por ejemplo, si realmente nos gustaría vivir en el País de las Hadas, al otro lado del arcoíris, tal vez estamos manifestando el deseo de escapar de una vida que no nos satisface. Tal vez no soportamos la sociedad que nos ha tocado, o la sensación de que las cosas no van bien a nivel mundial nos supera. O quizá la raíz de nuestra angustia son las relaciones sociales, en las que nos sentimos fracasados, y por eso anhelamos un lugar en donde todo el mundo sea encantador y nos sintamos queridos y aceptados. Reflexionar con la mente abierta, admitir nuestras particularidades, perdonarnos y aceptarnos a nosotros mismos es clave para evolucionar emocionalmente.

Una semana después la volveremos a repasar, y tacharemos las opciones que realmente descartemos. Otra posibilidad es adaptar los deseos que consideramos imposibles, pero a los que en realidad no queremos renunciar. Hablaremos de esto con más profundidad en otro momento.

De nuevo, la clave es que elegimos a qué renunciamos, y que renunciamos por propia elección y no por circunstancias ajenas. Las razones que nos lleven a hacer nuestros descartes son propias de cada uno, porque se basan en qué nos importa más, y eso es algo absolutamente personal.

Una semana después repetiremos el proceso. Analizaremos las opciones que nos quedan, y tacharemos de nuevo aquello que descartemos.

Seguiremos cada semana hasta que hayamos encontrado lo que realmente queremos hacer, cueste lo que cueste. De nuevo, si son varias cosas, trataremos de encontrar el denominador común.

Sin embargo, elegir con sinceridad puede ser muy complicado. A menudo tenemos claros nuestros deseos, pero los descartamos por miedo. ¿Y si me equivoco? ¿Y si no soy capaz? Lo primero a tener en cuenta es que, en realidad, una elección no nos condiciona completamente. Rectificar, encontrar otro modo, ajustar nuestras expectativas, probar otra opción… son algunas de las soluciones si nuestras decisiones nos conducen a un punto no deseado. Y, como siempre, habremos aprendido algo que nos ayudará en elecciones futuras.

Del mismo modo que nos hemos hecho las preguntas negativas y sopesado los malos resultados, debemos preguntarnos también en positivo. ¿Y si lo consigo? ¿Y si tengo razón? ¿Y si mi sueño es ese porque implica la máxima expresión de todo mi potencial? Habitualmente, lo que realmente queremos “hacer en la vida” está en consonancia con nuestras capacidades, pero teñido de ambición. Es más que probable que lo consigamos si trabajamos en ello. Otra cosa es que estemos dispuestos a hacer los sacrificios necesarios para lograrlo, y esa también es una decisión personal que no debe ser juzgada.

No hay una decisión correcta; una verdad absoluta. Hay consecuencias positivas y negativas en casi todo lo que hacemos; la cuestión es valorar lo que queremos y lo que estamos dispuestos a sacrificar. Una especie de ecuación coste/beneficio cuyo resultado depende de cada uno y de su momento vital. Decidir, en resumen, si preferimos asumir el peor resultado posible o renunciar al mejor resultado posible, y si estamos dispuestos a aceptar que es muy posible que logremos un resultado intermedio.

Como siempre, la sinceridad para con nosotros mismos es imprescindible para llegar a buen término. Aceptar nuestras ambiciones, considerar nuestras verdaderas capacidades, reconocer nuestros miedos y demás excusas; en fin, mantener una actitud analítica, sincera y pragmática (un buen truco es imaginar que el problema es de otra persona y tratar de resolverlo “desde fuera”); es casi una garantía de conseguir nuestros objetivos.

María Untereiner

Las afirmaciones vertidas en este artículo no pretenden ni pueden sustituir el consejo de su médico, terapeuta u otro profesional de la salud. En todos los casos es preferible consultar a un profesional competente.

2018-12-09T22:49:05+02:0009/12/2018|Gestión emocional|

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