Intolerancia al trigo, causas y diferencias

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El trigo se ha convertido, junto con el maíz y el arroz, en uno de los cultivos más importantes del mundo. Sin embargo, debido a los requerimientos de la industria alimentaria, el trigo actual poco tiene que ver con la cepa original. Diversos cruces en busca de cosechas más abundantes o mayor resistencia a las plagas han cambiado su estructura genética. Además, la producción ha experimentado con diversas técnicas encaminadas a aumentar el contenido de gluten en el grano, con objetivo de lograr una harina más glutinosa, lo cual deriva en un producto final más esponjoso.

Paradójicamente, es muy probable que ése aumento del gluten en los alimentos haya aumentado también el nivel de intolerancias al mismo. El gluten es en realidad muy poco digestivo, pero si no se ingiere habitualmente se van perdiendo las enzimas necesarias para digerirlo. La sensibilidad o intolerancia al gluten ha aumentado considerablemente en los últimos 20 años, adquiriendo proporciones epidémicas. Se estima que un 40% de la población padece una u otra forma de intolerancia al gluten, en muchos casos sin diagnosticar.

La cada vez mayor incidencia de intolerancias alimentarias y problemas congénitos indica que nuestra industrializada y desnaturalizada alimentación, sumada al aumento constante de polución y demás tóxicos ambientales, afecta directamente a nuestro ADN y su expresión.

No todas las intolerancias al trigo son al gluten (Celiaquía), sino a una proteína o grupo de proteínas del grano, desconociéndose cuál (Histaminosis). Paradójicamente, muchos casos de histaminosis o intolerancia al trigo no presentan síntomas con otros cereales de la familia del trigo, como espelta o kamut. Esto apoyaría la teoría de que el problema no está tanto en el propio cereal como en sus diversas modificaciones genéticas, ya que la espelta y el kamut, al ser de consumo mucho menos popular, no están tan deformados.

Muchos casos de Histaminosis están erróneamente diagnosticados como Celiaquía, pero hay grandes diferencias entre ambas afecciones.

En el caso de la Histaminosis, en cambio, hay algunos síntomas digestivos, pero otros no se asocian habitualmente con la causa, como el cansancio y los dolores de cabeza. Incluso hay casos de alergia (Como la que desarrollan algunos panaderos tras años de trabajo) en los que el contacto con el trigo deriva en asma, urticaria, rinitis…En la enfermedad celiaca el sistema inmunológico del afectado desarrolla anticuerpos Ig A ante las proteínas del gluten (Presente no sólo en el trigo, sino en diferentes cereales como avena, centeno, cebada, espelta y kamut). Entre sus síntomas más habituales está la fatiga después de consumir gluten, que suele derivar en fatiga crónica y/o fibromialgia. Cambios de humor, ansiedad, depresión y déficit de atención también son habituales entre los celiacos (Así como en muchos pacientes con Candidiasis intestinal). Y, por supuesto, problemas digestivos, desequilibrio hormonal, migraña, enfermedades autoinmunes, o «piel de pollo» en la parte trasera de los brazos.

El problema de la sensibilidad alimentaria es que el alimento en cuestión es atacado por el cuerpo, que lo toma por un tóxico. En este proceso resultan dañadas las microvellosidades del intestino delgado, desarrollándose el Síndrome del Intestino Permeable. Éste consiste en que la pared intestinal se vuelve excesivamente permeable, y moléculas indeseables pasan al tracto digestivo. De ahí pasan al torrente sanguíneo, derivando en Inflamación Silenciosa. Ésta consiste en un tipo de inflamación celular, subyacente, indolora y persistente, que el Dr. Barry Sears considera el origen de todas las enfermedades crónicas.

Algunos autores sostienen que la toxina BT ( Bacillus thuringiensis) que tienen los alimentos genéticamente modificados agranda los espacios del revestimiento intestinal (enterocitos), causando el Síndrome del Intestino Permeable (Leaky Gut Syndrome). Esto explicaría por qué la intolerancia al gluten ha aumentado tanto desde que se introdujeron los alimentos genéticamente modificados en la alimentación mundial.

Cuando ya se ha producido daño intestinal, algunas recomendaciones son:

  • El Factor de Crecimiento Epidérmico (EGF), un polipéptido que ayuda a curar el daño del intestino delgado.
  • Saccharomyces boulardii, una levadura que ayuda a calmar los tejidos intestinales.
  • Glutamina, que ayuda en la reparación de la atrofia de las vellosidades y a reducir al mínimo el paso de toxinas a través de la pared intestinal.
  • Gamma orizanol (Mezcla de esteroles vegetales y ácido felúrico que se encuentra en el germen y el salvado de arroz) que protege las mucosas gástricas y ayuda a reparar úlceras.
  • Fibra, probióticos y ácidos grasos son útiles para mantener la integridad de la pared intestinal.

El primer paso es «escuchar» al propio cuerpo. Si existen indicios de sensibilidad alimentaria es importante averiguar la causa, ya que el alimento en cuestión será tratado como un agente invasivo, con los consiguientes efectos perniciosos para el tracto intestinal. En caso de duda, es primordial un buen diagnóstico, puesto que se debe distinguir entre celiaquía, en la que el afectado no puede tomar nada que contenga gluten; e intolerancia o alergia al trigo, en cuyo caso se pueden consumir otros cereales similares, como espelta y kamut, y demás cereales con gluten. Mención aparte merece el hecho de que nuestra dieta actual incluye demasiado gluten, y los efectos que esto puede tener en el organismo a largo plazo. Incluso si no existen problemas digestivos, lo ideal es ingerir cereales ecológicos, evitando el exceso antinatural de gluten y las irreflexivas modificaciones genéticas.

Por María A. Untereiner

La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa. En todos los casos es preferible consultar con su terapeuta, médico, u otro profesional de la salud.

2018-11-14T22:01:51+02:0025/09/2018|Nutrición y Suplementación|

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