Acerca del plan gubernamental contra las pseudoterapias y las pseudociencias

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La pasada semana el gobierno lanzó su campaña publicitaria en contra de las pseudoterapias. Quiero creer que en su afán de proteger al ciudadano de lo que consideran un terrible mal, la campaña en cuestión parece más dirigida a aterrorizar a la gente y denostar las terapias naturales que a informar. Pero estar informado es el requisito básico para tomar una decisión consciente, aún más en un ámbito tan delicado e importante como es el de la salud. La población tiene derecho a saber qué es lo que toma, cuáles son sus efectos secundarios y cuál es su nivel de efectividad, tanto si hablamos de suplementos como de medicamentos. Cada cual tiene derecho a decidir qué quiere hacer con su cuerpo y cómo quiere gestionar sus dolencias, derecho a elegir el tipo de terapia que quiere utilizar y qué consecuencias tiene el uso de una u otra sustancia. Derecho a una información veraz por parte de aquellos en cuyas manos depositan su confianza y su salud. Derecho a una información completa y objetiva para poder elegir libremente.

Personalmente, esta guerra cruenta entre la medicina alopática (la comúnmente llamada medicina tradicional o farmacológica) y la medicina natural (que obtiene sus remedios de la naturaleza) me parece un tremendo error. Genera desconfianza y miedo y da como resultado una sanidad incompleta. Es una de las más estúpidas costumbres humanas; enfrentar corrientes de pensamiento en lugar de complementarlas. Podemos discutir agriamente sobre quienes son los beneficiados en esta guerra, pero de lo que no hay duda es de quienes somos los perjudicados. Y somos todos, porque todos enfermamos alguna vez. Todos tenemos uno o varios problemas de salud en nuestra vida, y en los últimos años incluso están en auge las enfermedades crónicas, no mortales, pero altamente reductoras del bienestar. Obviamente, cuando llegue el momento en que necesitemos consejo y guía para recuperar nuestra salud, queremos estar seguros de que estamos haciendo todo lo debido para mejorar. Todo aquello que los profesionales de la salud sepan eficaz, independientemente de si procede de un laboratorio o de la tierra. Que el orgullo, la desconfianza, la rivalidad, la ambición y la avaricia no reduzcan nuestro conocimiento como especie ni nos priven de actos, productos o terapias beneficiosos para nuestro organismo y nuestra recuperación. ¿Por qué no una medicina integrativa, que reúna los conocimientos probados de ambas corrientes? Es precisamente la cooperación la ventaja de vivir en sociedad, así como la especialización es la ventaja de trabajar en equipo.

Supongo que en este punto habrá quien se eche las manos a la cabeza. ¿Implementar conocimientos “pseudocientíficos”? ¿Pero es que estamos locos? Efectivamente, esto hay que matizarlo. Es cada día más evidente que las terapias naturales necesitan de una regulación oficial, lo cual implica analizarlas una a una (en el plan gubernamental se mezclan terapias, técnicas e incluso creencias sin ningún criterio), estudios homologados y titulación oficial. Usuarios y terapeutas ganarían en tranquilidad y seguridad. Los propios terapeutas piden hace tiempo esto mismo, en primer lugar, por el daño que estafadores y charlatanes hacen a las personas; pero además porque su imagen y la de su profesión resulta lógicamente dañada.

De las consideradas terapias alternativas, el plan gubernamental califica de pseudoterapias directamente a 73 de ellas, por carecer de estudios científicos.

no hay ensayos clínicos aleatorizados, ni revisiones sistemáticas ni meta-análisis

lo cual implica que

no tienen ningún soporte en el conocimiento científico con metodología lo suficientemente sólida que sirva para evaluar su seguridad, efectividad y eficacia, por lo que se pueden clasificar como pseudoterapias.

Otras 66 terapias sí tienen literatura suficiente (publicaciones relativas a estas técnicas), pero se pone en duda que la misma esté respaldada por el conocimiento científico necesario como para avalar su eficacia y seguridad, por lo que la intención del Plan es analizarlas individualmente en futuros informes.

Esta es una de las quejas más comunes contra las llamadas pseudociencias; la falta de estudios científicos que las avalen. Pero sabemos por experiencia que el hecho de que no haya teorías contrastadas a través de la metodología científica acerca de algo no implica que ese algo no exista o no suceda tal cual pensamos. Del mismo modo que la falta de registros escritos no implica que una civilización no haya existido, la falta de literatura al respecto no implica que un remedio no sea útil. Hablaremos con más detenimiento de esto en el próximo artículo.

María Untereiner

La información contenida en este artículo tiene un carácter meramente divulgativo. En todos los casos es preferible consultar con un profesional de la salud cualificado.

2019-03-11T13:04:52+02:0011/03/2019|Flores|

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