Acerca del plan gubernamental contra las pseudoterapias y las pseudociencias II

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Decíamos en el artículo anterior que una de las quejas más habituales contra las pseudociencias es la falta de estudios científicos. Ahora bien, ¿qué significa esto? ¿Cómo se decreta la validez de una corriente de pensamiento? El primer paso es siempre la observación. Una persona o un grupo con curiosidad natural y mente abierta, a menudo con conocimientos previos que sustenten sus pensamientos, observa un determinado fenómeno. Para explicarlo desarrolla una teoría; una explicación causa-efecto que a menudo rompe con lo establecido. Para comprobar que está en lo cierto, pone a prueba esta teoría por medio de una metodología protocolarizada, basada en el paradigma reinante. Si la teoría es validada, lo cual implica que sus resultados sean comprobables, constantes y reproducibles; pasa a formar parte del conocimiento aceptado o “científicamente comprobado”. Este es, muy resumidamente, el método científico. La otra posibilidad es que el observador carezca de medios, conocimientos o incluso interés por demostrar su teoría científicamente. La comprobación se realiza entonces a través de repeticiones, que validarán o refutarán la teoría. Es el llamado método empírico, base misma del conocimiento.

Obviamente, hemos evolucionado como especie, y nuestro conocimiento colectivo ha aumentado, especialmente en lo tecnológico. Es evidente que el método científico es más seguro y fiable que el empírico, y que el paso lógico sería aplicarlo al estudio de la medicina alternativa. Desgraciadamente, con la aparición de los medicamentos el interés se trasladó de la naturaleza al laboratorio. Sintetizar un principio activo abarata significativamente su coste, además de permitir crear y patentar productos únicos, con el consiguiente beneficio económico. El problema en este caso es que la utilización de productos sintéticos conlleva una serie de efectos secundarios perjudiciales, entre los que destaca el debilitamiento general del organismo y su sistema inmunitario, es decir, su capacidad para recuperarse y mantener la salud. Es por esto que la implementación de terapias naturales en la sanidad mejoraría significativamente el bienestar de la población en general.

El problema no es realmente la facilidad con la que se califica a las terapias naturales de pseudociencias; el problema es la asociación malintencionada, y errónea, entre no científico y estafa. Es evidente que la falta de regulación oficial deja la puerta abierta a personas sin escrúpulos que se aprovechan de la ignorancia y confianza de otras personas. Además, existe una gran confusión en cuanto a las terapias alternativas entre la población general, y del mismo modo que en el plan gubernamental, se mezclan terapias basadas en el conocimiento y la experiencia con creencias y tendencias sin ninguna base científica. En consecuencia, el miedo se extiende y las posturas se recrudecen. De hecho, se aduce que uno de los principales riesgos de las pseudoterapias es el riesgo de publicidad engañosa, dado que no hay un respaldo científico que avale su eficacia. De nuevo, la regulación de las terapias alternativas subsanaría este problema para tranquilidad de todos. Creo que todos estaremos de acuerdo en que cualquier producto o servicio relacionado con la salud, incluidos los más habituales, deberían ser claros y transparentes tanto en cuanto a sus bondades como a sus perjuicios, con el riesgo de evitar la malsana y tan utilizada publicidad engañosa.

Hablando de miedos, el otro gran temor que se extiende entre los detractores de las terapias alternativas es el miedo a perder la salud, o incluso la vida, debido a su uso. Miedo que desaparecería, lógicamente, si las terapias alternativas fueran estudiadas y validadas (o invalidadas, en los casos que competa) de forma oficial. A este respecto es necesario aclarar, aunque pueda parecer un simple asunto de semántica, que las muertes registradas relacionadas con terapias naturales no suelen ser debido a estas, sino al abandono de la terapia alopática. La cuestión es que, salvo en casos de excepcional mal uso de las mismas, las terapias naturales no son en absoluto dañinas. Su aplicación es ideal en estados de desequilibrio del organismo, medicina preventiva, gestión del bienestar y como coadyuvantes en tratamientos médicos. Medicina natural y medicina alopática son complementarias, tanto en los diferentes estadios de una patología como en el bienestar general. Las recomendaciones naturistas están especialmente dirigidas a mantener la salud, lo cual redundaría en una sanidad mucho más eficaz y además, más económica a medio y largo plazo. En definitiva, una medicina integrativa, que reúna y complemente conocimientos y considere al paciente como un todo, puesto que el organismo trabaja en conjunto.

María Untereiner

La información contenida en este artículo tiene un carácter meramente divulgativo. En todos los casos es preferible consultar con un profesional de la salud cualificado.

2019-03-12T23:40:57+02:0012/03/2019|Flores|

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